Posted by: pascalelkhoury | September 26, 2008

La tercera Guerra Árabe-Israelí: de los Seis Días 1967


El 28 de mayo, durante una conferencia de prensa, Nasser se mostró desafiante: Si los israelíes quieren la guerra, yo les digo «alha wa sahlan» (¡bienvenidos!). Estamos preparados para la guerra.

No muchas semana antes de estas fechas, el presidente de la OLP, Chukeiri, seguramente inspirado por Nasser, decía en una emisión de radio: Hay que derribar el poder antes que el de Tel Aviv… la liberación de Tel Aviv pasa por Amman.

Algún tiempo después de la guerra, Hussein de Jordania declararía: Yo sabía que Egipto y Siria no ganarían la guerra. Ellos solos, no. Ciertamente disponían de una ligera superioridad de material. Pero, a pesar de ello, dudaba que pudiera proporcionarles una victoria sobre los israelitas.

Desafortunadamente para éstos, en los que viajaban el mariscal Amer y el jefe de la aviación egipcia, general Sidki, no detectaron las escuadrillas israelíes, que comenzaron a alcanzar sus objetivos a las 8.10 de la mañana. A las 8.12 cayeron las primeras bombas sobre los aeropuertos militares de El Cairo.

Hacia las 10 de la mañana, los aparatos israelíes repostaban carburante y bombas en sus bases. Sobre los aeropuertos atacados habían dejado destrozados cerca de 300 cazabombarderos y sólo registraban la pérdida de una docena.

Veinte minutos después de comenzar el ataque de los aviones se inició el avance de las tropas de tierra.
Los egipcios apenas pudieron ofrecer resistencia en las zonas atacadas. En la noche del 6 al 7 de junio tomaron los judíos Belén y a las 10. 1.5 de la mañana paracaidistas de Dayan alcanzaron el Muuro de las Lamentaciones, en el corazón de Jerusalén.

Las personalidades del sionismo y del Gobierno llegaron ante los restos del templo de Salomón.
Allí Moshe Dayan, en la cumbre de su popularidad, tomó la palabra para realizar una promesa que aún se mantiene vigente: Tahal ha librado Jerusalén. Hemos unido la desmembrada capital de Israel. Hemos retornado a nuestros hogares sacrosantos para no Separarnos de ellos jamás.

Al final de la mañana del día 8, el general Rabin enviaba a su Gobierno este mensaje: Tengo la satisfacción de informar que nuestras fuerzas se hallan estacionadas en las orillas del Canal de Suez y el mar Rojo. La península del Sinaí está en nuestras manos.

Para Israel, la consecuencia inmediata de la guerra fue la ocupación de 4.5.000 kilómetros de tierras árabes.
Esto daba al estado judío una extensión de 6:5.000 kilómetros cuadrados, que satisfacía las aspiraciones de los sionistas más radicales.
Los israelíes, incluso los más transigentes, se negaban a devolver Jerusalén, la franja de Gaza y los altos del Golán, la primera, por motivos históricos y religiosos: los segundos, por razones estratégicas.
Y para demostrar que estaban dispuestos a quedarse iniciaron inmediatamente el asentamiento de colonias agrícolas en las estribaciones del Golán y la expropiación sistemática de casas y propiedades palestinas en Jerusalén y su entorno, donde en un semestre se expolió a los árabes de 3,5 millones de metros cuadrados de terreno .
La modificación del hábitat israelí fue radical: antes de la guerra, la población era de 2.7.30.000 de las que unas 2276.000 eran palestinas. Tras la guerra, en los territorios dominados por Israel había tres millones y medio de personas, de las que aproximadamente un millón eran árabes. Esta situación obligó a Israel a realizar un esfuerzo por atraer hacia el país a nuevas oleadas de inmigrantes de origen judío, que contrarrestasen las elevadas tasas de natalidad palestinas.
Tras la guerra de 1937, los arsenales soviéticos se abrieron generosos a los árabes, entregándoles el más sofisticado armamento de tipo defensivo de que disponían. Sus consejeros militares adiestraron al ejército egipcio, sirio, iraquí y yemení.

Como contraprestación, los árabes abrieron el Mediterráneo a los soviéticos, permitiendo que sus flotas utilizasen los puertos de Alejandría y Port Said, en Egipto; Latakia, en Siria, y Hodeida, en Yemen. Irak, por su parte, concedió a los sov¡éticos algunas zonas para que realizasen prospecciones petrolíferas.

Los jefes de los Estados árabes adoptaron su propia resolución en una conferencia celebrada en Jartum en septiembre de 1967: no se reconocían las conquistas israelíes ni se entablarían negociaciones. Sin embargo, también aquí hubo diferentes interpretaciones: para Egipto y Jordania al menos, quedaba abierta la posibilidad de un acuerdo negociado.


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