Posted by: pascalelkhoury | November 8, 2008

Literatura árabe

abecedario

Literatura árabe, literatura de los pueblos de lengua árabe y uno de los principales vehículos de la civilización islámica. Originaria de los moradores de Arabia, con el tiempo abarcaría un vasto territorio desde España hasta China.

Para los antiguos árabes, el lenguaje era el principal vehículo del arte, y tanto la poesía como la prosa estaban destinadas a ser oídas. Todavía hoy, la poesía y la oratoria despiertan pasión y entusiasmo entre los árabes.

Época Medieval

El ejemplo más destacado de la literatura árabe es el Corán, libro que, según los musulmanes, Dios reveló en el desierto de Arabia a su profeta, Mahoma, en el siglo VII. Representa el libro sagrado del islamismo, del mismo modo que la Torá lo es entre los judíos o los Evangelios entre los cristianos. Su estilo literario, considerado inimitable por los musulmanes, se deriva del de los adivinadores árabes preislámicos cuya expresión adoptaba la forma de frases breves con ritmo y rima, pero sin metro. En sus primeras suras, o capítulos, el Corán expresa conceptos religiosos en un lenguaje que concilia el fervor con una gran belleza literaria.

Aunque es el más importante, el Corán no constituye el único ejemplo de la creatividad literaria árabe. Se conservan centenares de odas y poemas compuestos un siglo antes de la época del profeta, algunos de ellos traducidos al español. Esta poesía habla de la vida de los beduinos, sus amores, viajes a través del desierto, luchas, rivalidades, ambiciones y odios. Los poetas elogian a sus tribus, sus jeques y, a menudo, a sí mismos. Vituperan amargamente a sus enemigos, retándolos a defenderse con la espada o a través de la agudeza de la sátira. Entre los más destacados se encuentran al-Asha, Amr ibn-Kultum y Imru-al-Qays. Las mejores odas de estos dos últimos están incluidas entre los siete poemas escogidos llamados los Muallaqat (‘Suspendidos’, poemas escritos para ser dichos en el interior de la gran mezquita de la Meca). Otras famosas recopilaciones de la poesía preislámica son el Hamasa de AbuTammam, el Mufaddaliyat, llamado así por su recopilador, al-Mufaddal, y el Kitab al-Agani.

En el ambiente cortesano de La Meca, tras la muerte de Mahoma, Umar ibn Abi Rabia compuso poemas de amor que recibieron la desaprobación de los hombres más piadosos. La poesía siguió floreciendo bajo la dinastía Omeya (Umayyad, en árabe; 661-750), pero tendió a hacerse artificial y a perpetuar formas que representaban un tipo de vida que iba desapareciendo. Los poetas más importantes de este periodo fueron al-Farazdaq y Jarir, entre los que existió una larga y famosa contienda poética. El poeta del siglo X al-Mutanabbi está considerado como el último de los grandes poetas árabes. En los siglos siguientes poetas didácticos, como Abul-Alá al-Maarrí, trataron de problemas filosóficos y políticos.

La prosa árabe, al igual que la poesía, floreció desde los primeros tiempos. Las obras más antiguas que sobreviven, como el preislámico Aiyam al-Arab, son historias que conmemoran guerras tribales, también redactadas mucho después de la muerte del Profeta. Con la expansión del islam, los asuntos ligados a la vida de Mahoma y a las conquistas islámicas dominó la literatura árabe y musulmana. El historiador árabe Ibn-Ishaq escribió una biografía del Profeta. Otro comentarista árabe, al-Tabari, escribió unos Anales, historia del mundo desde su creación hasta el año 914, la más extensa del comienzo del islam. La búsqueda de normas de conducta en los terrenos religioso, personal y legal, dio origen a la literatura hadit (Tradiciones) y fiqh (Canon de la ley). Los comentarios sobre estas materias y los voluminosos diccionarios biográficos de las autoridades de quienes provenían las leyes y las costumbres, conforman la parte principal de la literatura medieval árabe.

En centros de la vida árabe como Basora, Kufa y Bagdad, así como en los territorios conquistados en Irán y España, se fundaron academias para el estudio de la filología, la teología, la ley y la filosofía. El pensamiento filosófico islámico se impulsó a través del estudio de los antiguos filósofos griegos, cuyas obras fueron traducidas por eruditos árabes, sirios y hebreos a sus respectivas lenguas. La filosofía neoplatónica también entró a formar parte del pensamiento, sobre todo a partir de los escritos de Alfarabí. Una de las obras más importantes, La ciudad ideal, versa sobre una teoría del arte del gobierno en términos neoplatónicos. En contraposición con esta obra, que idealiza el estado como una emanación del Todo-Uno (Dios) con el Profeta como su líder ideal, otras obras sobre el arte de gobernar, como Los Principios del Gobierno, de al-Mawardi, tratan de política práctica y de problemas legales del estado musulmán. Las conflictivas ideas sobre la esencia de Dios y la libre voluntad o la naturaleza eterna del Corán estimularon las discusiones filosóficas y originaron escuelas de pensamiento disidentes. En los siglos XII y XIII, el sufismo islámico, o misticismo, se expresó literariamente a través de la poesía de Ibn al-Faridand Ibn-al-Arabí y en los Escritos de los Hermanos de la Pureza. Parte de los grandes filósofos medievales escribieron en árabe y su obra se estudió en occidente e influyó enormemente en el desarrollo de la escolástica. Los más destacados fueron Averroes, Avicena y Algazel.

Junto con las obras de los sabios se desarrolló una literatura popular constituida por narraciones que los contadores de historias declamaban por los bazares del Próximo Oriente; forman una tradición oral que todavía pervive en esta parte del mundo. Los héroes de la antigüedad y el famoso califa del siglo VIII, Harun al-Rashid, se convirtieron en protagonistas de cuentos románticos e imaginativos como el Romance de Antar y el libro de Las mil y una noches. Estos romances, que surgen como entretenimiento para las masas, despreciaban el estilo y el lenguaje clásicos, por lo que fueron considerados indignos por los sabios. Más del gusto de los eruditos y nobles fueron los famosos Maqamat (Asambleas) del poeta al-Hamadani y las Maqamat del escritor al-Harirí, que se crearon tanto para instruir como para divertir. El gramático al-Zamajshari juzgó que cada línea de la obra de al-Harirí era merecedora de “estar escrita en oro”.

A la brillante vida intelectual de la edad media siguió un largo periodo de estancamiento. Durante seis siglos la actividad de los eruditos se limitó casi por completo a comentarios devotos sobre las obras de sus anteriores maestros; recopilaciones de sus estudios históricos, teológicos y legales; y antologías de libros anteriores. Aunque no carecen de valor para los historiadores y eruditos modernos, estas obras aceptan la tradición sin reservas ni análisis crítico.

Época Moderna:

Sólo hacia finales del siglo XIX, y bajo una gran influencia occidental, comenzó un renacimiento de la literatura árabe. Egipto había sido durante mucho tiempo el centro intelectual, pero otros países de lengua árabe pronto comenzaron a abrirse paso. Los temas eruditos, literarios y políticos constituyen los argumentos populares de los escritores árabes contemporáneos y aparecen textos creativos en todos los géneros. Uno de los escritores más aplaudidos en la actualidad es el novelista, autor teatral y guionista, Naguib Mahfuz, ganador del Premio Nobel en 1988; destacan entre sus novelas la Trilogía de El Cairo (1956-1957), dos de ellas adaptadas al cine por prestigiosos directores mexicanos. La novela también está representada por Zainab, obra singular de M. Hussain Heikal; la poesía por Shauqi y por A. Z. Abushady; los cuentos por Mahmud Taimur, y el ensayo literario y filosófico por Taha Hussein. Entre los modernos, Hussein es el que emplea con más frecuencia e intención las ricas cadencias del árabe clásico. Otros escritores modernos, muy occidentalizados, han empezado a invertir la tendencia tradicional hacia el lenguaje florido. La vida social de Egipto se describe viva y agudamente en El diario de un fiscal rural, de Tawfiq al-Hakim, y los problemas actuales políticos y sociorreligiosos se plantean libre y críticamente en la obra del escritor copto Salama Musa y otros más. Con su importante estudio sociológico, La liberación de la mujer, Qasim Emin abrió el camino hacia la emancipación de la mujer musulmana. Ahmad Amin ha escrito una Historia del islam ampliamente divulgada.

La erudición occidental se ha compenetrado con la intelectualidad árabe en la Universidad Americana de Beirut, centro que durante largo tiempo ha formado a los líderes intelectuales del mundo árabe. Producto de la emigración árabe a América es un destacado poeta, Kahlil Gibran, cuyas poesías místicas, como El profeta, son leídas en todo el mundo.

Literatura Arabigo-Andaluza:

La península Ibérica fue invadida por los árabes en el año 710, y en el 715 prácticamente toda la Península estaba bajo dominio islámico. La capital de al-Andalus se estableció en Córdoba. A pesar de que Abd al-Rahman I proclamó la independencia de al-Andalus, los contactos religiosos y culturales siguieron vivos, aunque sólo fuera por el precepto islámico de peregrinar a La Meca, viaje que suponía para los peregrinos un rico contacto cultural con las ciudades orientales como Bagdad o El Cairo. Así fue como se introdujo la poesía árabe en la naciente cultura arábigo-andaluza. Entre los principales eruditos y recopiladores de esta época destacan Ibn Abd Rabbini (860-940) y Abú al-Qali (901-967), al que se deben estudios sobre poesía antigua; Ibn Bassan de Santarém (?-1147) realizó la antología conocida como Dahira (Tesoro) de gran valor literario e histórico; otra antología notable es el Libro de la esfera de la literatura compilado por Said al-Magrabi de Alcalá la Real.

Con el fin de dar esplendor a su emirato independiente, Abd al-Rahman llevó a al-Andalus a los artistas más eminentes; éstos crearon escuela y pronto tuvieron magníficos seguidores autóctonos, como Yahya al-Hakam al-Bakrí (?-864) conocido como Al-Gazal, por su belleza, y que escribió poesía satírica, y Abd al-Malik (796-852), que fue el primer historiador andalusí.

Abd al-Rahman III se rodeó de poetas y eruditos para conseguir una conciencia nacional y así surgen dos escuelas poéticas características: la sevillana, más proclive a la poesía amorosa y lírica, y la cordobesa, más intelectual y filosófica. Pero el gran protector de las artes y las ciencias fue Al-Hakam, durante cuyo reinado aparecieron obras como el Libro de los huertos, una antología de poetas arábigo-andaluces. Es una época de veladas palaciegas y poetas cortesanos en las que participó Almanzor y destacó el gran poeta Ibn Hani de Elvira (?-972).

Tras la descomposición del poderío Omeya surgieron los reinos de Taifas en los que, aun debilitados desde el punto de vista político y militar, las letras arábigo-andaluzas alcanzaron un gran desarrollo. En Sevilla sobresalió al-Mutadid y en Córdoba Ibn Hazm (944-1064), autor de El collar de la paloma, un tratado amoroso que se difundió por toda Europa. En el reino de Badajoz se cultivó la investigación y la historia, y en el de Zaragoza destacó el filósofo Ibn Bagga (?-1138).

Con la llegada de los almorávides, más toscos que los refinados andalusíes, la literatura cortesana, intelectual y elitista cede ante otra más popular; a esta época pertenecen las moaxajas, composiciones líricas en algunas de las cuales se han encontrado jarchas. Este género fue cultivado con gran maestría por Ibn Quzmán (c. 1078-1160). Las grandes figuras de este periodo son Ibn Hafaga de Alcira (?-1134) e Ibn al-Zaqqah.

Los almohades constituyeron una potencia religiosa que predicaba la unidad de Alá desde la pureza del Corán. Con ellos se desarrolló una literatura filosófica de gran hondura en la que destacaron figuras como Tufayl de Guadix, autor de El viviente hijo del vigilante —que fue conocido durante la edad media como el ‘Filósofo autodidacto’—; el gran Ibn Rusd (1126-1198); al que los escolásticos llamaron Averroes; e Ibn Arabi de Murcia, la figura más representativa del sufismo arábigo-español.

Los últimos años del reino de Granada estuvieron marcados por las crisis políticas y económicas y las letras no fueron tan brillantes como en épocas anteriores, aunque muchos autores árabes o mudéjares siguieron trabajando en los reinos cristianos y su influencia ya se había dejado sentir en toda Europa.

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